lunes, 24 de enero de 2011

La vida de nadie

Hace tiempo que navego en solitario, y he de reconocer que a solas conmigo, suelo sorprenderme a mí mismo, ni yo me conozco, ¿cómo va a conocerme otra persona ajena a mis propias contradicciones o quien sabe, coherencias?
El azar a veces, nos da ocasión de conocernos y darnos a conocer a los demás, pero en alta mar, un galeón solo contacta con otro para pedir auxilio, para abordar o para ser abordado. Cada vida es un universo paralelo que en ocasiones tiene puntos de unión con otras vidas, que determinan un desenlace inesperado, y a la vez predecible, no hay mayor engaño que no querer ver la realidad, al final todo vuelve al origen, la insoportable sensación de ser una marioneta en manos ajenas, la incertidumbre, el desasosiego y el desarraigo de un galeón errante en medio de la tempestad, que encuentra su consuelo en la posibilidad de ser engullido por la tormenta a la que irremediablemente se dirige a la deriva.